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La
escena se repetía cada tarde, con permiso de la lluvia
y la tramontana. No hace de eso demasiados años.
Escenario, la calle La Coma, en Llançà, y
protagonista un niño que espera intranquilo que su
papá vuelva de la estación donde trabajaba
-y sigue haciéndolo para Renfe como esponsable de
circulación. El niño tiene los deberes terminados
y no disimula sus ganas de coger de la mano a papá
y salir disparados con la pelota bajo el brazo, casi a la
carrera, hasta pisar la tierra del campo de fútbol
municipal o, en su defecto, la arena de la playa, si esa
tarde tocaba jugar a la pelota con el mar por testigo.
Así
aprendió a disfrutar del fútbol Héctor
Simón, que reconoce que le daba buenas palizas a
papá, ese que fue delantero del equipo del pueblo,
del Torroella y del Portbou antes de que su hijo se enfundara
en la rojiblanca del equipo infantil del Llançà
por primera
vez. Y antes de que en Girona se empezara a hablar tan bien
de él que un buen día
apareció el Barça y Héctor cambió
la casa de Llança por una habitación compartida
en Barcelona desde la que se veía el Camp Nou. Héctor
tenía 14 años y, no lo niega, su gran sueño
era jugar en el Barça. Pero se le desvaneció
tan pronto como comprendió que el fútbol,
en Barcelona, no era ni mucho menos tan divertido como en
el pueblo. "La verdad", comentaba antes de entrenarse
en Montijuïc, "no sé muy bien si en el
Barça me querían o no. Lo único que
sé verdaderamente es que a los 14 años se
me hizo muy duro vivir fuera de casa". Añoraba
su calle, su playa, sus amigos, los partidos en la playa,
las peleas con su hermana menor y hasta el olor a laca y
cremas del centro de estética que dirige su madre,
quiromasajista.
Hay
quien dice que la culpa de que volviera a Llançà,
además de la añoranza, la tuvo su mejor amigo
durante el tiempo que vivió en la Masía: Andrés
Iniesta. "No lo creo, él jugaba más en
punta", explica Andrés, que reconoce tener grandes
recuerdos de las horas compartidas con Héctor en
la Masía, como asume que ya entonces le parecía
"un gran jugador y el tiempo lo ha demostrado".
Héctor,
que ahora tiene 19 años, se encoge de hombros al
tratar de adivinar sien verdad
fue Iniesta quien le cerró el paso en las divisiones
inferiores del Barça, si es cierto o no que se ha
vuelto a cruzar en su camino apartándole del Mundial
sub-20. Se limita a que con Andrés y con Rubén
se llevaba de perlas. "Estábamos siempre juntos.
Ahora el contacto es más telefónico, pero
seguimos teniendo muy buena relación", advierte.
Volvió
a casa, a Llançá, para seguir jugando, primero
en el Torroella y después en el juvenil del Figueres,
antes de que el Espanyol llamara a la puerta de la calle
de La Coma para abrirle las de Sant Adriá. Si Héctor
aceptó regresar a Barcelona fue, sencillamente
,
porque las cosas no se ven igual a los 13 años que
a los 17. Y no se arrepinte, pese a que tardó lo
suyo en triunfar como blanquiazul. Angel Pedraza apenas
lo alineó en el juvenil españolista durante
su primer año como perico. Tuvo que esperar a la
llegada de Bartolomé
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RCD
Espanyol 2003/04. Héctor, el primero por
la izquierda sentado
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Márquez
que confió abiertamente en él, para explotar
en el filial. Héctor lo hizo, y por eso se ganó
un sitio el pasado verano en la concentración de
Perelada. Con Javier Clemente debutó en primera división,
jugó tres minutos ante la Real Sociedad. Después,
nada; no le guarda rencor:"Él me subió
al primer equipo y se lo agradeceré siempre".
El vasco lamenta no haber podido darle más bola:
"tal y como estaban las cosas no quise quemarlo".
Luis Fernández aterrizó en Montjuïc y
afrontó su debut en Bilbao alineándole de
titular. "Me pidió sólo que no hiciera
cosas raras y que jugara tranquilo".
Eso
hizo y lo hará hoy, otra vez, porque el técnico
se presenta en casa reiterándole a Héctor
su confianza. Adquirido un compromiso con el Espanyol, desaparecido
el sueño de jugar en el Barça tan pronto como
aprendió a sentirse españolista desde una
perspectiva tan catalanista como él mismo -"quien
busque razones para ser del Espanyol, que mire cuántos
catalanes hay en el equipo, compare y tendrá una
de peso para ser seguidor del Espanyol", dice. Héctor,
que comparte piso con Pociello, sólo tiene una idea
entre ceja y ceja: ganarle al Sevilla. Con esa intención
y con el libro Historia de Catalunya en la maleta, se concentró
ayer a las órdenes de Luis Fernández. Casi
a la misma hora en la calle La Coma de Llançà,
Luis Simón llegaba a casa de vuelta de la estación,
y recordó que no hace tanto, un niño con los
deberes hechos le esperaba en la puerta para patear la pelota.
Hoy lo verá jugar en Montjuïc.
Luis
Martín. Diario el País, 23/11/2003
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